Una parte más que vital de la salud de la boca es también el cuidado personal  día a día, cepillarse los dientes tres veces al día y mantener sana nuestra boca mediante el uso de una adecuada pasta de dientes, hilo o seda dental y la ayuda de colutorios.

En el cepillado hay una parte determinante que es el dentífrico. Los primeros en utilizar algo similar fueron los egipcios en el siglo IV antes de Cristo, una mezcla de vinagre, sal, pimienta, menta, iris y flores.

En la antigua Grecia e incluso en Roma se utilizaban como “pasta de dientes” restos de orina humana por tener facultades blanqueadoras en los dientes y también una combinación de vinagre, miel, sal y cristal muy machacado con los mismos objetivos. La cultura china utilizaba antiguamente huesos de pescado machacados, los árabes una unión de arena fina con piedra pómez machacada.

Pero no fue hasta cerca del 1850 cuando apareció lo más similar a la pasta de dientes que conocemos hoy en día, cuando el doctor y farmacéutico Washington Sheffield Wentworth creo una primera muestra, en tubo similar a los de pintura de la época, para su uso privado. Esta pasta no contaba con flúor como elemento clave. El flúor comenzó a formar parte de los dentífricos en 1901, aunque previamente, en 1896 se había a empezado a comercializar esta parte tan presente en nuestra salud bucodental diaria.

No sería hasta los años sesenta cuando el uso del dentífrico con flúor se extienda de forma más que notable con el objetivo único de satisfacer necesidades de higiene bucal. A partir de 1990 se amplían los horizontes y se busca cubrir otras facetas de la salud de la boca como son el sarro y la sensibilidad. Para ello entro en escena el bicarbonato de sodio como ingrediente diferenciado, aportando un punto más a la labor del flúor.

Poco a poco se fueron introduciendo más agentes limpiadores, intentando resolver más problemas que pueden surgir dentro de nuestra boca. Como son la prevención de caries, la eliminación de la placa, el blanqueamiento dental a niveles profesionales y el cuidado de la lengua, donde reside algo tan importante como el sentido del gusto.

En definitiva la pasta de dientes, o más técnicamente, el dentífrico se ha convertido en un complemento más que vital en el cepillado que hace que el cuidado personal y diario sea posible, formando un todo con el cepillo, haciendo que el uso de esta herramienta higiénica obtenga resultados muy notables si se hace correctamente.

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