Hoy en día todo el mundo interpreta la sonrisa como una expresión de felicidad y bienestar, algo muy positivo. Sin embargo, la historia de la sonrisa ha evolucionado mucho hasta llegar a considerarse como en nuestros días y no siempre tuvo las mismas interpretaciones en sus manifestaciones artísticas.

En el siglo XVIII, las pautas que regía el arte de Occidente hasta el momento, implicaba que las connotaciones que conllevaba una sonrisa eran negativas. Una boca abierta mostraba que la persona era plebeya, ya que desde la antigüedad los únicos individuos que aparecían representados de esta forma eran los locos, los que se dejaban llevar por la pasión, los niños, actores y prostitutas.

En esta época el concepto de la sonrisa era desdeñoso, se utilizaba para plasmar el ridículo de una situación. Los artistas concebían que la mejor manera de mostrar la personalidad y esencia del retratado era en reposo, sin ningún tipo de emoción pasajera de por medio.

La liberación de los miedos religiosos o el sufrimiento y la creciente pérdida de la fe que vienen acompañados de la corriente hedonista del siglo XX y un aumento de la calidad de vida en la población, extiende el concepto de la sonrisa en las artes plásticas.

La atracción que hoy en día ejerce una sonrisa es fundamental. Una sonrisa sincera y honesta puede ayudar a que te recuerden. Un estudio científico realizado en el Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de Duke (Estados Unidos), elaboró una serie de experimentos donde un grupo de voluntarios miraba fotografías de gente sonriendo y otras de gente seria, junto a sus nombres. El resultado fue que el grupo conseguía recordar mejor los nombres de aquellas personas que sonreían en las fotos, en detrimento de los que aparecían más serios.

Las sonrisas tienen también múltiples beneficios en nuestro cuerpo e influyen notablemente en las relaciones sociales.  Para las personas mayores, una sonrisa puede hacerles parecer más jóvenes y además, consiguen influir en el status social.

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